Los que gobiernan, los que conducen la política, los que
la conducen en el campo estratégico y los que la conducen en el campo táctico,
deben empujar desde el puesto que les ha correspondido, y al que tienen
derecho, y empujar lealmente y corriendo ligero, pero no haciéndole zancadillas
al que corre al lado para hacerle caer y ganar él. No; con formas lícitas, cada
uno en su andarivel, como decimos los que hemos hecho atletismo, sin molestar a
los costados.
Si la conducción se realiza en esta forma, todo se facilita,
absolutamente todo.
Yo empecé a realizar esto personalmente desde la
Secretaría de Trabajo y Previsión.
¿Cuál era la orientación? La primera regla que cumplí
fue: decir la verdad y actuar sincera y lealmente, porque sabía que la masa
estaba descorazonada por la falta de sinceridad y lealtad, y por la mentira
permanente con que habían procedido los que habían actuado antes que yo. Le
prometían todo y no le daban nada. Entonces yo empleé un sistema distinto. No
prometer nada y darles todo. En vez de la mentira, decirles la verdad. En vez
del engaño, ser leal y sincero y cumplir con todo el mundo. Lógicamente que
para analizar un problema leal y sinceramente, no es suficiente con tener la
intención, porque muchas veces en la vida no se puede tener la seguridad de si
se podrá cumplir con lo que se promete, ya que no se trata sólo de intención,
sino también de posibilidades.
Decía Alejandro, cuando uno de ellos se iba enojado:
"Tú te quedas aquí. Prefiero que me critiques donde me conozcan y saben
que lo que dices no es cierto, a que me vengas a criticar donde no me
conocen".
Aquí pasa lo mismo. Si son dos compañeros que se pelean entre
ellos, es mejor que se critiquen de cerca. Se trata de pasiones que es inútil
pretender quitarlas a los hombres, porque sería desvirtuarlos. El hombre tiene
sus pasiones buenas y malas, y hay que tomarlo tal cual es, llevándolo despacio
y con buena letra, como dicen los criollos. Con ductilidad, con paciencia y con
tolerancia.
Entre nosotros, compañeros de una misión común, con una
doctrina común, no nos podemos ocultar la verdad, la verdadera colaboración
está en decirle al amigo: "Esto está mal". Esa autocrítica es la que
nosotros debemos propugnar. Nos reunimos y en círculo reservado decimos todo lo
que pensamos.
Entre nosotros no puede haber reservas mentales. La reserva
mental es una forma de traición al compañero y al amigo. Esto se hace de dos
maneras: Cuando la gente lo hace con encono, termina a sillazos. Si lo hace
con sinceridad, lealtad y bondad, termina con abrazos. Eso es lo que buscamos:
que estas reuniones terminen con abrazos de amigos que se han puesto de acuerdo
y han quedado liberados de reservas mentales, porque la lucha política lleva
fatalmente a eso. No son tantos los dirigentes como la gente que los rodea, que
siempre vienen con cuentos.
El gobierno es un pobre hombre que está buscando un
objetivo lejano y marcha por su camino teniendo de un lado, una legión de
cuenteros, y del otro, una legión de aduladores, cada una de las cuales tira
para su lado. La legión de la derecha tira para la derecha, y la legión de la
izquierda, tira para la izquierda. Lo sabio está en no apartarse, en hacer una
sonrisa y seguir.
El conductor no puede decir la primera mentira; el conductor no puede cometer la primera falsedad ni el primer engaño; debe mantener una conducta honrada mientras actúe, y el día que no se sienta capaz de llevar adelante una conducta honrada será mejor que se vaya y no trate de conducir porque no va a conducir nada.
Conducción Política. Juan Domingo Perón.